Como vegetarian@, ya estás haciendo una gran contribución para prevenir el calentamiento global. Sin embargo, todavía hay cosas que se pueden hacer para proteger nuestro planeta. Aquí tenemos una lista de 5 pasos que se pueden seguir para marcar la diferencia:
Para que puedas empezar, hemos redactado un borrador que puedes usar como base de un email o una carta. Por lo tanto, cuando te encuentres con alguien que hace campaña sobre la protección del medio ambiente pero que no menciona uno de los aspectos más importantes, tómate un momento para preguntarle por qué.
Cualquier pequeño gesto ayuda, y cuanta menos carne se produce, más beneficioso es para el planeta.
Las frutas y verduras cultivadas localmente tienen menos impacto medioambiental gracias a que se reduce el gasto energético y las emisiones de CO2 derivadas de su transporte. Se necesita energía como fuente de luz o calor para que las plantas crezcan fuera de temporada. Por lo tanto, los alimentos de temporada son mucho más “verdes” (y más frescos, por lo que son más sanos) que los alimentos que crecen bajo condiciones artificiales. La Sociedad Vegetariana del Reino Unido (Vegetarian Society UK) tiene un folleto en su página web con un listado de productos de temporada locales con una deliciosa receta para cada mes.
Los insecticidas químicos y fertilizantes que se usan en el cultivo de nuestros alimentos necesitan mucha energía para ser producidos e impactan directamente en el ecosistema y contaminan las fuentes de agua y el suelo.
Aparte del hecho de que los peces son animales y por lo tanto no aparecen en el plato de ningún vegetariano, la pesca masiva está diezmando poblaciones de peces, los antibióticos y otros medicamentos que provienen de granjas de peces están contaminando los ríos y destruyendo la fauna y flora y se están despoblando costas con importantes funciones ecológicas para dejar espacio para la cría de marisco. Son sólo unas pocas razones para reaccionar la próxima vez que escuches “Soy vegetarian@. Pero como pescado”.
Traducción realizada por Eva Antón