Unión Vegetariana Europea
 
 

Papaya, la fruta maravilla

Conferencia de Barbara Simonsohn en el congreso de EVU en Widnau, 1999

European Vegetarian - Número 1/2000 | English

 
  
Papaya

Hace más o menos 14 años, cuando estuve en Maui, Hawai, tuve el placer de disfrutar por primera vez del dulce sabor de las papayas maduradas por el sol y cultivadas orgánicamente. En la tienda de alimentos naturales de Paia, encontré semillas secas de papaya —llamadas «enzimas de papaya»— en pequeños envases de vidrio, con un valor aproximado de 5 dólares cada uno. Estaba sorprendida: ¿por qué las personas tiran las semillas cuando se comen la fruta y después vuelven a comprarlas por un montón de dinero? ¡Qué absurdo! Así que, cuando Aeoliah —que era mi novio en aquel tiempo— y yo tuvimos un desayuno tropical, me comí la papaya como si fuera una manzana: ¡con pepitas incluidas! Mi novio se sobresaltó: «¡Así no se comen las papayas!», me gritó. Esto no me molestó y desde ese entonces me como la papaya completa, incluyendo la piel y las semillas.

Ahora que he escrito un libro completo de 200 páginas sobre esta «fruta maravilla», la Carica Papaya (ese es su nombre en latín), sé porqué las semillas de la papaya son tan saludables y también porqué no deberías tirar la piel. Los cubanos llaman a la papaya «la fruta bomba», pues su forma es similar a la de estas. ¡Yo descubrí que la papaya es una «bomba» de nutrientes vitales! Es abundante en enzimas, vitaminas y minerales. Las enzimas de la papaya, como la papaína, están concentradas principalmente en la fruta a medio madurar, en las semillas maduras y también en las hojas de esta planta. Así que ¡no tires las semillas! Si no te gusta su sabor amargo y picante, sécalas y úsalas como si fueran pimienta negra. Parecen pimienta, saben como pimienta y, sin embargo, son más saludables que ésta.

Los nativos de Costa Rica y México llaman a la papaya «el árbol de la buena salud» y la consideran una medicina para curar casi todas las enfermedades. El árbol de papaya crece muy rápido, alcanza los 10 metros de altura y no requiere de mucho cuidado. En Sudamérica, su lugar de origen, crece como maleza. Los indios Pieles Rojas del sur y el centro de Norte América usan la papaya no sólo como alimento, sino también para curar heridas, ayudar a un hígado débil, aliviar el estreñimiento, combatir las lombrices y parásitos, curar la inflamación y los problemas de la piel e incluso para tratar el cáncer. ¡Ellos son los «inventores» de la moderna terapia de enzimas! Si tu dieta es crudívora, naturalmente puedes olvidarte de la papaya como tratamiento curativo; cuanto más sensible te vuelvas, más sentirás los efectos depurativos y nutritivos de esta fruta tropical, incluso mientras comes.

¿Cuáles son los principales componentes de la papaya, que llega a medir hasta 120 centímetros en Venezuela (esta especie es llamada «lechosa»)? Hay una gran cantidad de antioxidantes en la papaya, como betacaroteno (más que en las zanahorias) y vitamina C (más que en los kiwis), y también muchos bioflavonoides. La papaya contiene minerales como potasio, magnesio y calcio, y es la fruta más alcalina que conozco. Para quien sufra los efectos del consumo de alimentos cocinados, azúcar y carne —como por ejemplo la «acidosis» (el cuerpo se vuelve demasiado ácido y la persona se torna irritable y depresiva)—, se recomienda iniciar el día desayunando con papaya. Algunos médicos aconsejan «curas de papaya»: ingiere al menos una papaya diariamente durante cuatro semanas. Después de una semana o algo así, experimentarás los resultados: más energía, menos sueño, buen humor y pensamientos claros. ¿Increíble? ¡Prueba y míralo tú mismo!

Las enzimas de la papaya ayudan a digerir las proteínas, las grasas y los almidones. Colón descubrió no sólo América, sino también la papaya. Cuando llegó a las costas de Sudamérica, fue recibido por los nativos con un banquete. Los marineros comieron demasiado después del largo viaje, y entonces los indígenas los llevaron al bosque lluvioso y les ofrecieron papayas para calmar el dolor. ¡Y funcionó! Así que, si comes demasiado durian (una fruta tropical), que es un poco difícil de digerir debido a toda su grasa, puedes comerte luego una papaya para ayudar a la digestión. Claro está que es mejor comer con moderación, incluso si eres crudívoro. Las enzimas de la papaya contribuyen a limpiar tus intestinos y también a remover los residuos de proteína. Además, la papaya ayuda a vigorizar nuestro sistema endocrino, tal como lo ha escrito ampliamente Norman Walker en su libro sobre el consumo de jugos.

  

La papaya contribuye a que el cuerpo produzca más arginina, un aminoácido esencial que activa la HGH, una hormona de crecimiento que es importante para el rejuvenecimiento de las células y para la reconstrucción de células en el hígado, los músculos y los huesos. Incluso la piel se beneficia de la arginina: se vuelve suave y es capaz de regenerarse. Las hermosas mujeres de los trópicos usan papaya verde para deshacerse de las arrugas y las células viejas de la piel. Yo lo intenté una vez en las Islas Canarias y tuve que gritar ¡así de doloroso es! Tal vez nuestra piel es más delgada que la de aquellas mujeres, quienes están expuestas al sol durante todo el día. Recomiendo diluir jugo de papaya para tratar la piel, y en mi libro he incluido varias recetas de mascarillas y cremas para la piel.

Los aborígenes de Australia y los Kaunas de Hawai usan la papaya para curar el cáncer. La papaya debe estar a medio madurar, entre amarilla y verde. Tengo una amiga, Halima Neumann, que se curó de cáncer de estómago tomando jugo de papaya durante seis meses, medio litro diario, y después de esto comiendo todos los días papayas a medio madurar. La mayor parte de las enzimas se encuentran en la pulpa de la papaya verde y en las semillas de la papaya madura. La papaya verde tiene un sabor amargo, así que yo no las comería habitualmente. ¡La papaya verde es la única fruta no-madura que alcaliniza el cuerpo! Bien por ella: después de curarse, decidió cambiar su dieta y hacerse crudívora, y comenzó a meditar y a sanar su infancia. Ahora tiene 50 años, disfruta de una vibrante salud y ha escrito varios libros en alemán acerca de sus experiencias. Vive en las Islas Canarias y ofrece seminarios sobre cómo vivir sanamente con una dieta crudívora y cómo cultivar papayas orgánicas.

Hay un tipo muy chistoso que vive en Paia, Maui, y se llama a sí mismo «Papaya John» («Juan Papaya»). Su verdadero nombre es John McCollum y tiene una pequeña tienda llamada Papaya John, en donde sólo vende papayas y productos hechos de ella, como por ejemplo papayas secas. Él considera que la papaya es un medicamento y el Maui News lo cita así: «A Papaya a day keeps the doctor away» («Una papaya al día mantiene al doctor en la lejanía»). Papaya John es surfeador y agricultor orgánico y se ha vuelto el mesías de la papaya. Su misión: «mi principal interés es obtener enzimas día a día», y llama a la papaya «la fruta tropical milagrosa».

Papaya John aprendió los secretos de la papaya del Dr. Koesel, uno de los primeros en abogar por alimentos saludables en California, quien se mudó a Maui en los años 60. Allí se conocieron estos dos hombres; para John, el encuentro fue «mágico»: «Supe que tenía algún tipo de karma de toda una vida con este hombre». Estudió con él todos los beneficios que la papaya aporta a la salud. Cuando el Dr. Koesel murió en 1990, una semana antes de su cumpleaños número 90, para Papaya John fue obvio: «Tenía un compromiso con Dios y con el Dr. Koesel. Yo creo en la papaya y mi tarea consiste en difundir las buenas noticias». Comenzó a experimentar un nivel de salud radiante y de gusto por la vida con el que antes sólo había soñado. Ahora cultiva papayas de casi 10 kilos en su jardín y no viviría en un país en donde éstas no fueran cultivadas. Papaya John sonríe: «¡Soy adicto a las enzimas de la papaya!» Cada mañana toma mucho jugo de papaya y se siente estupendamente. Su tabla de surf está adornada con una enorme papaya y, además, lleva sus barras enzimo-activas de papaya (hechas por él mismo) a dondequiera que va.

Tú no tienes que hacer de la papaya el centro de tu vida para beneficiarte de ella. Puedes comenzar poniendo a prueba qué tan bien puedes sentirte —aun si eres crudívoro— incluyendo papayas en tu selección diaria de alimentos. Puedes cultivar papayas fácilmente en tu patio trasero o, si tienes uno, en un invernadero, necesario en zonas con clima más frío como Alemania. En el verano mantengo afuera mis árboles de papaya y los llevo adentro en la época de invierno. Incluso he compuesto un himno llamado A Papaya A Day (Una papaya al día) que compartiré ahora mismo contigo. También se encuentra en mi libro sobre la papaya, con notas incluidas.

«Dismiss maya, eat papaya!» («Despídete de maya, ¡come papaya!») (David Wolfe).

A Papaya A Day Una papaya al día
A papaya a day keeps the doctor away.
Take two or three and you will see:
You feel healthy and fine,
And you’ll start to shine!
Life gets happy as could be,
Life gets happy as could be.
Una papaya al día mantiene al doctor en la lejanía.
Come dos o tres y vas a observar:
Te sientes saludable y con bienestar,
¡Y entonces empezarás a brillar!
La vida se vuelve lo más alegre posible,
La vida se vuelve lo más alegre posible.
 
  

Ensalada de frutas con papaya
Mezcla trozos de papaya madura con rebanadas de banano (plátano) y mango. Servir con un poco de zumo de limón.

Licuado de papaya
Para este licuado necesitas: cinco albaricoques secos, una manzana grande y media papaya pelada y cortada en trozos. Remoja los albaricoques toda la noche, coloca todo en la licuadora y mezcla hasta que esté suave. Es magnífico como desayuno. También puedes usar el licuado como aderezo para ensaladas de frutas.

Piña Colada
Para esta saludable bebida necesitas: una taza de pulpa de piña, media papaya pelada y cortada en trozos, una taza de pulpa de coco cortada y media taza de agua (si lo deseas). Licua la piña y la papaya, luego mezcla todos los ingredientes. Servir con una hoja de menta (hierbabuena). ¡Absolutamente delicioso!

Salsa de papaya
Necesitas: una y media tazas de papaya cortada en trozos, la misma cantidad de pimientos rojos dulces, una cucharadita colmada de zumo de limón, una cucharadita colmada de miel, un poco de pimienta roja molida. Mezcla todos los ingredientes. Es una salsa estupenda para ensaladas crudas.

Mi libro de bolsillo Papaya, sanando con la fruta maravilla, estará disponible próximamente en EE. UU. (Lotus Light Publications).

Barbara Simonsohn,
Holbeinstr. 26
D - 22607 Hamburgo
Tel. +49 40 - 89 53 38
Fax. +49 40 - 89 34 97
basim@barbara-simonsohn.de
 
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